Resumen
Gregorio Samsa,
un vendedor viajero, se despierta una mañana convertido en un insecto el cual
no puede explicarse cómo le ha ocurrido aquello, se levanta de su cama al
sentir todo su cuerpo de manera extraña. Se asusta, entonces se sienta a pensar sobre lo cansador que es su profesión,
la molestia de levantarse en las madrugadas y además su responsabilidad en el
hogar. El tren en el cual viaja sale a las cinco de la mañana, pero él se niega, no puede ni
quiere aceptar su nueva condición.
De pronto, su
madre llama a la puerta del cuarto, para decirle la hora, porque ya era tarde y debía
marcharse de viaje, pero Gregorio se negaba a salir, todos comenzaron a
inquietarse y preguntarse porque no salía, que le sucedía, si estaba enfermo,
mientras este tenía la puerta cerrada con llave. Así fue como llego el gerente
de Gregorio quien amenazo con despedir si no habría.
Luego de unos
minutos el padre llamo a un cerrajero que logro abrir la puerta y encontrarse de
frente a su hijo, quedando aterrorizado, su cara delataba miedo y
angustia, al igual que la madre y la hermana. El ambiente era tenso, tanto que la madre se desmayó del susto en
medio del cuarto, pero la hostilidad del padre se vio al punto de querer
golpearlo y finalmente su hermana que al
principio es la única que se preocupa por llevarle comida y agua.
Un día su
hermana Grete, decide vaciar el cuarto de Gregorio ya que se da cuenta de que reiteradamente chocaba con los muebles facilitando su movilidad. Así transcurre
el tiempo con Gregorio marginándose de
la sociedad que no lo acepta tal cual es, al igual que su familia quienes se desentienden de él siendo su hermana la
única razonable para ayudarlo.
Cansados de
aquel monstruo, ya que asi le llaman ellos, la hermana empieza a
cansarse tanto del trabajo como de los cuidados de Gregorio y de ayudar en casa con las
labores. Su hermano ahora pide comida podrida, putrefacta y su familia no
soporta verlo o hablar de el. También viven con huéspedes ya que no alcanza el
dinero para pagar todo, con el trabajo de Grete. Al tiempo los huéspedes se
percatan de Gregorio y al verlo arrancan sin pensarlo.
Gregorio tenia
en su caparazón una manzana incrustada, producto del enojo de su padre, que se la
lanzó descaradamente sin saber el daño que podía producir, ya que después esta
se fue infectando. Le era imposible moverse, los dolores en el cuerpo se fueron
aumentando poco a poco hasta que contra su voluntad, su cabeza "se desplomo en el
suelo y de sus narices surgió el ultimo suspiro". Nadie de la familia se
conmovió demasiado y dedicaron aquel día, al descanso, a paseos, conversando y
haciendo planes para el futuro. La vida sigue su curso normal y cotidiano.
Gregorio ya ha sido olvidado y forma parte del pasado.


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